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Compendio de la Defensa de la Autoridad de los Gobiernos Contra las Pretenciones de la Curia Romana

AUTOR: Francisco de Paula G. Yigil.

A LA JUVENTUD AMERICANA
A vosotros, jóvenes americanos, dedico mi trabajo. A vosotros, que sois la esperanza de los que nos hallamos en el último tercio de la vida, y que preparareis y tocareis de cerca el glorioso porvenir de nuestra América. Nosotros hemos cumplido la obligación que teníamos para con vosotros; pero vosotros tenéis también obligaciones con los que os sigan, y estos con los de después; formando todos esa asociación fraternal y perdurable, que abraza todas las edades, llenando cada una los destinos de la Divina Procidencia.

Mas en este cúmulo de obligaciones, tened presente que las primeras, las de los que vivirnos actualmente, son las más delicadas y trascendentales; porque de su omisión ó cumplimiento resultará la dirección que tomen los sucesos futuros, que serán de ventura ó de infortunio, según fuere el rumbo que desde ahora llevaren . Vosotros no necesitáis buscar este rumbo; nuestros padres ya lo dieron, el siglo lo muestra, vosotros seguid; pero teneis que oponeros á los que pretenden desviar á los pueblos de la senda del progreso, para fijarlos en una posición inmoble y estacionaria. Resistidles, con toda la confianza y enerjía de quien tiene conciencia de haber recibido una misión; y hacedles ver, que su tiempo ha terminado, y que no tienen derecho de arrebataros vuestro porvenir. Si ellos os hablan de lo que fué, vosotros habladles de lo que será: si esparcen ellos tinieblas, esparcid vosotros luz: si invocan el nombre de Dios, vosotros oponedles el pensamiento de Dios, el corazón de Dios, y mostradles la divina escritura del gran libro de la naturaleza, y del sublime código del Evangelio.

Jóvenes; yo pongo en vuestras manos este volumen, á nombre de la generación que está para acabar. Leedlo, y preparad la opinión á las reformas, que vosotros hareis, cuando ocupéis Ios puestos que hayamos dejado. Mientras tanto, instruios, estad dispuestos á la discusión, excitad á ella á los que no piensen como vosotros, y discutid con ellos en paz. Cuando ellos se irriten, vosotros toleradlos; cuando os insulten, compadecedlos y convencedlos; cuando os maldigan, bendecidlos; y si intentan dañaros, perdonadlos: ¿no veis como yo le he perdonado al Papa su condenación? Rendid á todos a fuerza de generosidad; vosotros y ellos sois hombres.

Jóvenes eclesiásticos; con vosotros también hablo: ¿no sois juventud? Estudiad la Religión en el Evangelio, es decir, en el corazón del Salvador, en las obras de los Padres, y en el gran libro de que os hable poco antes, y no en los comentarios de los decretalistas, y demás escritos de la Curia, donde no encontrareis á Dios ni á su Cristo, sino al Papa. Haced por vosotros mismos las reformas, á que todavía se resisten nuestras preocupaciones é intereses. Mereced el nombre de "dispensadores de los misterios de Dios," de padres de los pueblos, y dejad ejemplos, que no habeis recibido.

Y vosotros, jóvenes militares, ¿no sois ciudadanos? ¿La patria, que debéis defender, cuando haya necesidad de resistir á la fuerza con la fuerza, no puede sufrir otras ofensas; y no hay mas invasiones, que las que se hagan, a su territorio? ¿Los ataques contra su honor y sus derechos y su dignidad, de parte de los que invocan la conciencia, no son mas odiosos y degradantes, que los que rechazaríais con vuestras lanzas y vuestras espadas? ¿O sufriríais ser espectadores de una contienda, que á todos interesa; cómo si vosotros también no supierais pensar, ni tuvierais patriotismo, conciencia y corazón?

Jóvenes todos: los Estados de América os contemplan, y esperan mucho de vosotros. Corresponded, á su esperanza, y si es posible, sobrepujadla. Que vuestras costumbres caminen á la par de vuestra ilustración, y aun, que la excedan. Los enemigos del siglo lo acusan de inmoral: desmentidlos, y que vuestras obras y vuestros escritos los avergüenzen, en recomendación de la causa que sostenéis, y para gloria y honor de la opinión, cuyo descrédito seria vuestra ruina completa.

Juventud americana; penetraos profundamente de la importancia de vuestra misión, y no la perdáis de vista jamas. Asimilad los pueblos ó vosotros; comunicadles lo que sois, y vosotros sed lo que debéis. Pero acordaos de que vuestros deberes no están limitados á la América: mas allá de los mares tenéis otros hermanos, hay juventud, que como vosotros, es la esperanza de su patria. Entendeos con ellos, de hoy mas no habrá Océano, y con ella trabajad por la unión y la paz y la dicha del GENERO HUMANO.

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